martes, 29 de junio de 2010
sábado, 19 de junio de 2010
Reflexiones aisladas de la aceleración mundial
¿Por qué el proceso de aceleración? ¿Por qué la sociedad se empeña en hacerlo todo más rápido? Una pregunta que nos deberíamos hacer es, ¿Por qué nos aceleramos? La respuesta parece ser fácil, si alguien nos llegara a preguntar eso, inmediatamente diríamos que es porque no hay otra alternativa.
Con mucha más frecuencia decidimos elegir adaptarnos, porque el hecho de no adaptarnos nos mantendría excluidos. Quien entra en el juego de la aceleración no está excluido, por el contrario, quien no entra en este juego, está excluido.
Precisamente, como he señalado, la exclusión es uno de los factores que nos hacen ir más rápido. La idea que tiene el imaginario colectivo es que aquella persona que se toma su tiempo en pensar cómo llevará a cabo su labor, aquella persona que es lenta en sus acciones, es poco eficiente. A menudo la palabra “lento” no es una palabra bonita, torpe, falto de interés, gandul, perezoso podrían definirla bastante bien. A nadie le gusta que le digan que es un gandul, que es lento, y menos aún en un tiempo donde prima la rapidez, una vida acelerada tiene un gran valor, parece que hecho de estar muy ocupado tiene valor en sí mismo, cuando alguien manifiesta estarlo, cuando manifiesta no tener tiempo para nada, quiere decir que es un hombre importante, interesante y enérgico.
Podríamos decir, a raíz de todo esto que acabo de señalar, que la aceleración se convierte en una ideología de poder. Prima lo rápido, prima menos el pensar cómo hacerlo y más el decidirlo inmediatamente.
Otro factor que nos hace ir más acelerados es el miedo a la muerte. ¿Nos estamos acelerando por el miedo a morir? Sí.
Hoy la carencia de tiempo es algo muy habitual, y gran parte de la culpa la tiene nuestra propia mortalidad. Aceleramos las actividades que tenemos que hacer por miedo a morir. A menudo tenemos la sensación de la brevedad del tiempo y hacemos todo lo posible para lograr que cada momento cuente, y es así como empezamos a acelerar nuestro tiempo. La aceleración es una especie de respuesta de huida. Es una especie de virus demoniaco.
Utilizamos la aceleración como una forma de exorcizar el miedo a morir. Queremos condensar en el menor tiempo posible, en el menor espacio, el mayor número de cosas. Hacemos de nuestras vacaciones de cuatro días, una agotadora escapada, vamos de un lado para otro intentando ver el mayor número de cosas posibles, esto es uno de las muchos ejemplos que nos ilustran esta vía de escape, de cómo nos vemos obligados a utilizar la aceleración como una manera de alejar el miedo a morir.
El resultado de esta aceleración culmina en la sensación de que nunca hay tiempo suficiente.
Es tiempo de poner en tela de juicio nuestra obsesión por hacerlo todo más rápido.
miércoles, 16 de junio de 2010
Nunca llovió
viernes, 11 de junio de 2010
Y llegó, parece que no llegaría pero así pasó.
Si tuviera que decir en una palabra lo cómoda que he estado en este curso, si tuviera que decir lo feliz que he sido, si tuviera que decir cuánto me ha aportado a mi vida, diría que esta vez la lengua se ha quedado sin palabra para expresarlo.
Soy feliz porque habéis conseguido hacerme que me sienta así, soy feliz porque he encontrado parte de ese equilibrio que estaba buscando, lo soy porque esta vez la felicidad no es la que me hace feliz, sino porque esta vez soy yo la que hago que esta sea así.
Sois todos y cada uno de vosotros unas personas increíbles. Dejasteis en mi memoria vuestras sonrisas y es así como consigo guardar vuestro recuerdo.
Me alegra que nos hayamos cruzado en el camino.
Periodismo y Comunicación Audiovisual 2010
lunes, 7 de junio de 2010
Caminante
