sábado, 30 de abril de 2011

Ojalá

Ojalá que los futuros periodistas se rebelen. Ojalá que a pesar de enfrentarse a un escenario complicado intuyan que hoy el periodismo es más necesario que nunca y sean conscientes de que los medios, engolfados con el politiqueo, están ignorando esas historias anónimas que definirían el extraño momento que estamos atravesando.

Ojalá que no sean cínicos, que ejerzan una crítica implacable contra esos personajillos que desde hace tiempo inundaron las pantallas y no han servido más que para sembrar la creencia de que es legítimo ganar dinero sin hacer el mínimo esfuerzo. Ojalá que no sean mansos y no se dejen arrastrar por esa corriente venenosa que consiste en acudir a las ruedas de prensa para tomar nota sin rechistar.

Ojalá que sean tan honrados como para desconfiar del político que les paga un viaje convirtiéndoles en parte de su corte. Ojalá que entiendan que el mejor periodista, en contra de la práctica tan habitual en España, es el que se mantiene lejos del poder, no el que alardea de estar en la pomada. Ojalá que defiendan la dignidad de su oficio y que aspiren a ser profesionales y no eternos amateurs. Ojalá que tengan el amor propio necesario como para dar más de lo que se les pide, y que no lo hagan por el medio sino por ellos mismos.

Ojalá que entiendan que en esta situación económica que va a cambiar la vida de varias generaciones es necesario darle voz a los olvidados y sólo un buen periodista puede hacerlo. Dada la precariedad del empleo, la docilidad es tentadora, pero ojalá que no sean dóciles, porque al margen de la invasión de los opinadores, que de manera gratuita exaltan (exaltamos) los ánimos de los ciudadanos, nos hace falta información. Ojalá que haya una nueva generación batalladora que demuestre que el periodismo sigue vivo, que a lo mejor los que estamos un poco muertos somos nosotros.

ELVIRA LINDO, El País, 19/Mayo/2010

martes, 19 de abril de 2011

17 Abril 11

A mí lo que dicen la mayoría de los políticos que hablan en serio francamente me trae sin cuidado. Por lo general hay en los avatares de la vida cotidiana inclemencias bastante más interesantes de las que ocuparse. Muchas veces los españoles abominamos de nosotros mismos porque nos consideramos una carga para el país, aunque hay que reconocer que vivimos en un territorio muy afortunado en el que la vida resulta agradable a pesar de lo mucho que interferimos en ella.

Tenemos una productividad muy baja, casi cinco millones de parados, y a pesar de todo, una tasa de humoristas muy por encima de la media europea. También somos lo bastante listos como para seguir adelante a pesar de que cuando una cosa nos sale mal sólo nos esforzamos lo necesario para empeorarla. Ni que decir tiene que en España lo que los ciudadanos esperamos de nuestros gobernantes es que cuando salgan de La Moncloa tengan al menos la decencia de despegar los chicles de las mesas y tirar de la cisterna del retrete.

Lo malo es cuando ventilan nuestras miserias en el extranjero, como acaba de hacer José María Aznar, que dijo cuatro tonterías de las que tal vez no le pasemos factura porque con su mediocre dominio del inglés probablemente le entendieron lo contrario de lo que quiso decir, como le ocurría a Julio Iglesias al principio, cuando al grabar un disco en inglés todo el mundo se daba cuenta de lo mal que cantaba en español por culpa de su dentista.

Es triste que el ex presidente Aznar haya hecho un elogio del miserable Gadafi en un momento en el que incluso vomitarían sus rasgos los gusanos que se comiesen el rostro del criminal dirigente libio. Yo quiero pensar que el señor Aznar no quiso decir lo que dijo, pero, coño, para eso habría sido mejor que intentase decir lo contrario de lo que todo el mundo le entendió. Tampoco dudo de su buena fe para apoyar lejos de nosotros la imagen de una España apetecible para los inversores extranjeros, aunque también sospecho que el señor Aznar sufre de esa soberbia que a los presidentes suele quedarles como subproducto de su paso por Moncloa.

No soy devoto del presidente Zapatero, ni enemigo del ex presidente Aznar, de modo que mi opinión es lo bastante gratuita como para resultar decente. Por eso me atrevo a decir que lo terrible no es que nuestros políticos pierdan la dignidad, sino que no pierdan al mismo tiempo el habla.

J. L. ALVITE

martes, 12 de abril de 2011

Estados Unidos: Lo que el viento se llevó

[...] Si no se puede ganar, si es un pozo sin fondo hambriento de vida y dólares, si comenzó con mentiras y está siendo edificada sobre la injusticia y la sinrazón, ¿qué puede esperar el mundo que haga Estados Unidos con esta guerra?


Bus hijo quiso terminar lo que su padre no fue capaz de llevar a una culminación, y ahora el mundo se tendrá que poner de acuerdo sobre quién pone los muertos que detengan la oleada del fanatismo árabe.


ANTONIO NAVALÓN

sábado, 9 de abril de 2011

Canción de la semana

Hace tiempo que no subo alguna que otra nota musical. Hoy me animo a poner una, acaba de aparecer de manera aleatoria en una de las listas de reproducción que tengo en el Spotify, y nada más oírla, a mi mente han venido buenos recuerdos. ¿Hay algo mejor que eso?, ¿Una canción que te recuerde lo buenos momentos? Esta semana me quedo con ella. :)


"Ahora escúchame tú a mí, James Hawkins... Estás hecho de la madera de los grandes, pero tienes que tomar el timón y trazar tu propio curso... ¡No te rindas, a pesar de las borrascas! Y cuando llegue el momento, ¡tendrás la oportunidad de probar el corte de tus velas y demostrar lo que vales! Y yo espero poder ver la luz que tus velas henchidas despedirán ese día..."


Buganvilla gris

Es algo que me ocurre sobre todo al final del verano, cuando de las playas se marcharon los turistas y vuelven a la arena en taquigrafía las pisadas de las gaviotas. Entonces al caer la tarde orillo la mar con el coche y miro alrededor para ver como en las casitas de las aldeas exhala en el tejado, como un sacramento gris, el humo lento y venial de las cena de los niños.

Aunque en la liturgia de ese espectáculo siempre recuerdo a alguien, no quiero que haya nadie a mi lado en un momento así. Me invade una infinita congoja y la verdad es que no sabría qué decir. Hay pocas emociones que me produzcan un dolor tan amargo y en realidad a la vez tan agradable, una indecisión tan conmovedora como la que me asalta en ese instante sublime la indecisión moral en el que me apetece aguardar sentado al volante, esperando a que se cierre en falleba la noche sobre el borrador tordo de la marea, mientras murmuraba en mis manos el tiento de escribir mis mejores frases alumbrado por la llamas que deletreen el humo, sequen el llanto y calcinen mi cuerpo.

En realidad muchos de los mejores momentos de mi vida tienen que ver con la estoica conmemoración de sus episodios más amargos, tal vez porque hay edificios cuya deficiente belleza se perfecciona con el fuego inteligente que los devora, igual que con la luna rojiza reflejada en el agua el pescador de bajura descubre con estupor entre la fértil calderilla del banco de sardinas, en la fluorescente manzanilla de un palmo de luz, la mirada tenaz de un muerto.

No sabría muy bien explicar porqué hago eso al vencerme la congoja y caer la tarde. Lo que sé es que algo me arrastra con frecuencia a orillar al atardecer el coche hasta que la marea lame como un congrio las ruedas. Entonces, arrío la ventanilla, prendo un cigarrillo y espero a que surja sobre los tejados, como una buganvilla gris – leve como aliento, reacio como lana fosca –, el humo de la cena de los niños.

Después la noche se cierra sobre el croquis confuso del paisaje y en medio de la inenarrable felicidad de tanta tristeza maniobro frente al mar, prendo los faros del coche contra las olas y presiento que en el postal el ir y venir de su rutina, la marea dejará frente a mis ojos en un poleo de espuma, la mirada expósita de mi cadáver.

J. L. ALVITE

miércoles, 6 de abril de 2011

Un mundo mejor es posible

Imaginad que durante un día todos fuéramos niños...

martes, 5 de abril de 2011

La Ola

El alemán Dennis Gansel, siempre interesado por la relación entre el fascismo y la juventud, lleva con maestría a la gran pantalla este experimento realizado en un instituto de California en los años 60. Un profesor de instituto debe impartir un seminario sobre autarquía y dictadura. Con el fin de poder explicar cómo la presión de un grupo social pude desembocar en fascismo, propone un experimento en el que los alumnos crearán un movimiento llamado "The Third Wave", partiendo de los aspectos positivos de dicha ideología.

viernes, 1 de abril de 2011

Libertad de expresión

El director de cine holandés, Theo Van Gogh, grabó una primera parte de un cortometraje, en el cual se presenta que las ideas del islam están equivocadas. Quería mostrar que el islam oprime demasiado, y que oprime sobre todo, a las mujeres. De tal modo, que creó este corto llamado Submission para denunciar esta situación de las mujeres.

Al poco de salir el documental, un holandés lo apuñaló.

La pregunta no es si está mal matar o no, como hizo este holandés, que está claro que está mal… la pregunta es ¿Hizo él (Theo Van Gogh) algo mal? ¿Se equivocó él también al hacer un vídeo criticando lo malo del islam?