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domingo, 24 de febrero de 2013

El mejor oficio del mundo

"Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo."

Ser periodista hoy por Gabriel García Márquez. Aunque mucho de lo expuesto es discutible, bien merece ser leído para hacer reflexionar a uno sobre esta profesión tan apasionante como es el periodismo.

Ahí os dejo el enlace:
http://elpais.com/diario/1996/10/20/sociedad/845762406_850215.html 

martes, 13 de diciembre de 2011

Pies de cadáver

Como a cualquier persona, me gusta que me ocurran cosas agradables y soy feliz si recibo buenas noticias. También es cierto que ante las cosas buenas soy desconfiado y dudo de que mis mejores noticias no sean el resultado inesperado de algún error. Esa es la razón por la que me cuesta disfrutar de las cosas agradables y permanezco a la espera de que se me frustren.

Muchas veces he precipitado la interrupción de una historia hermosa para que su amargo final no me pillase desprevenido. Durante muchos años la vida me acostumbró a perder y suelo desenvolverme bien en las peores circunstancias. Cada vez que emprendo un viaje en el coche, no me hago ilusiones sobre el destino que me espera y prefiero hacerme a la idea de que me resulte agradable la ciudad a la que llegue sin haberlo pretendido. Compro lotería sin ninguna fe en mi suerte, así que no me preocupa en absoluto olvidar donde diablos puse el décimo. Cuando lo natural habría sido hacer la mili en el Ejército, la casualidad de un sorteo me alistó en la Marina. Aunque el servicio era algunos meses más largo, no me inmuté. Incluso me habría parecido natural que la Armada me destinase a un destacamiento tierra adentro en Zamora.

Esa sensación de dulce extravío me ha acompañado a lo largo de toda mi vida. No estuve jamás en la guerra, pero en el caso de haber sido envidado al frente, estoy seguro de que habría caído prisionero de una avanzadilla de mi propio bando. Aliento desde niño la ilusión de verme arrastrado a una vida trashumante y caótica, dando tumbos por la geografía, de pueblo en pueblo, de familia en familia, y enterarme en el lugar en el que despierto gracias a leer en un bar el periódico local. Porque al final resulta que las pisadas del mejor bailarín acaban dando sin remedio con los pies de su cadáver.

J. L. Alvite

jueves, 24 de noviembre de 2011

Aquel tipo tenía razón

Alguien me aseguró de madrugada hace años que en el periodismo lo que cuenta es condensar la idea más compleja en la frase más sencilla (...) algo que nunca olvidé: "lo importante es que lo que tú pienses se parezca en algo a lo que el otro entienda. Un tipo puede no entender el motivo por el que lo matan, pero si eres claro y conciso, al menos entenderá la razón por la que muere". Claridad y concisión... Aquel tipo tenía razón. (...)

J. L. Alvite

martes, 1 de noviembre de 2011

¡ Nuevo Blog !

Actualizo este espacio para anunciar que otra nueva entrada mía ya está disponible en el Blog de la Universidad.

jueves, 27 de octubre de 2011

¡ Nuevo Blog !

En esta ocasión actualizo este Blog con una entrada que escribí para el Blog de la Universidad: "Just - Communication"

sábado, 22 de octubre de 2011

¿Necesitamos al periodismo?


El periodismo vive la que posiblemente sea la crisis más importante desde su nacimiento. A pesar de que, algunos expertos se han apurado en dar por muerto y enterrado el periodismo bajo la avalancha de Internet, hemos de tener presente que no es el periodismo el que está en crisis, sino los medios de comunicación. Las raíces de esta crisis de los medios se encuentra, sobre todo, en un modelo de negocio que es también, paradójicamente, uno de los mayores lastres: la publicidad. (...) ¿Cómo volver lo antes posible a la idílica situación anterior?

¿Pagar por la información?

Sólo pagamos por lo que consideramos valioso ¿Consideran los lectores que la información es valiosa? Sin duda lo ha sido a lo largo de la historia cuando el problema tradicional era acceder a ella. Hasta el final de la era anterior, la labor teórica del periodista era buscar esa información donde estuviera para hacérsela llegar a los ciudadanos (...) y, por ello, estaban dispuestos a pagar.
Por el contrario, en nuestros días la cuestión es ser capaces de seleccionar la información pertinente entre la ingente cantidad de información que nos rodea.

(...) Las experiencias de quienes han querido cobrar por acceder a la información no parecen corroborarlo, pero quizá la solución está en ofrecer a los lectores lo que ellos no pueden hacer: pueden conseguir información a cualquier hora en cualquier lugar y gratis, pero no pueden ni contrastarla ni relacionarla ni procesarla hasta convertirla en conocimiento (el bien más valioso de la era informacional). Muchos ciudadanos que no pagan por simple información, estarían dispuestos a hacerlo por conocimiento.

Una reubicación del periodismo

En esta reconfiguración de la labor periodística, sería deseable que los profesionales volvieran a tomar el timón del barco. (...) El objetivo no es ya intermediar en la información para hacérsela llegar a los ciudadanos, sino (...) promocionar y vender contenidos que genera la empresa. Evidentemente, estas grandes multinacionales progresan en conveniencia con los intereses políticos hasta fundirse en un todo del que es difícil separar al político del periodista. De esta manera, los medios perdieron sin disimulo el ideal de la objetividad para tomar un partido evidentemente por aquel grupo político que mejor beneficiaria los intereses de su cuenta de resultados: se acabó el cuarto poder (si es que lo hubo alguna vez).

(...) Es imposible saber qué pasará en el futuro (...) no obstante, la necesidad de información relevante sigue existiendo porque ahora más que nunca necesitamos saber qué y por qué, ahora más que nunca necesitamos periodistas.

Jorge Jiménez Ramírez.

jueves, 2 de junio de 2011

Movimiento 15M

Ya lo dice el dicho, una imagen vale más que mil palabras.
"Yo también quiero un futuro mejor"


Fotografía cedida por: José Luis González. Madrid.

domingo, 8 de mayo de 2011

Sucede que a veces

El día se presenta con meteorología voluble sobre mi cabeza. Puede ocurrir cualquier cosa en el aire, igual que puede suceder algo inesperado en nuestra existencia. La vida es una sucesión de acontecimientos en los que decidimos apenas el dentífrico, el paraguas y el calzado. Se puede ser feliz si en vez de aspirar a lo más alto nos conformamos con llegar vivos al otro lado de la calle. Gracias Alvite por estas líneas. ‎




"Sucede que a veces la vida mata (...) Pero sucede también que sin saber como ni cuando, algo te eriza la piel, y te rescata del naufragio..."

sábado, 30 de abril de 2011

Ojalá

Ojalá que los futuros periodistas se rebelen. Ojalá que a pesar de enfrentarse a un escenario complicado intuyan que hoy el periodismo es más necesario que nunca y sean conscientes de que los medios, engolfados con el politiqueo, están ignorando esas historias anónimas que definirían el extraño momento que estamos atravesando.

Ojalá que no sean cínicos, que ejerzan una crítica implacable contra esos personajillos que desde hace tiempo inundaron las pantallas y no han servido más que para sembrar la creencia de que es legítimo ganar dinero sin hacer el mínimo esfuerzo. Ojalá que no sean mansos y no se dejen arrastrar por esa corriente venenosa que consiste en acudir a las ruedas de prensa para tomar nota sin rechistar.

Ojalá que sean tan honrados como para desconfiar del político que les paga un viaje convirtiéndoles en parte de su corte. Ojalá que entiendan que el mejor periodista, en contra de la práctica tan habitual en España, es el que se mantiene lejos del poder, no el que alardea de estar en la pomada. Ojalá que defiendan la dignidad de su oficio y que aspiren a ser profesionales y no eternos amateurs. Ojalá que tengan el amor propio necesario como para dar más de lo que se les pide, y que no lo hagan por el medio sino por ellos mismos.

Ojalá que entiendan que en esta situación económica que va a cambiar la vida de varias generaciones es necesario darle voz a los olvidados y sólo un buen periodista puede hacerlo. Dada la precariedad del empleo, la docilidad es tentadora, pero ojalá que no sean dóciles, porque al margen de la invasión de los opinadores, que de manera gratuita exaltan (exaltamos) los ánimos de los ciudadanos, nos hace falta información. Ojalá que haya una nueva generación batalladora que demuestre que el periodismo sigue vivo, que a lo mejor los que estamos un poco muertos somos nosotros.

ELVIRA LINDO, El País, 19/Mayo/2010

jueves, 31 de marzo de 2011

Con la oreja en el oído

Durante el almuerzo de Dubrovnik me di cuenta de que el tipo del restaurante se esforzaba por comunicarse conmigo en un castellano portuario adquirido por contagio gracias al contacto diario con el creciente turismo español y tuve en ese momento la horrible sensación de que si él a mí no me entendía bien no era porque yo no hablase su idioma, sino por lo mal que me expresaba en el mío al intentar poner mi vocabulario al alcance de sus conocimientos. Pensé entonces que los españoles hemos sido siempre un pueblo ansioso de salir al extranjero y de relacionarnos con otros pueblos, pero a menudo reacios a la aceptación de sus costumbres y sin duda resistentes al aprendizaje de sus idiomas.

Hablamos mucho, gritamos demasiado y nos cuesta escuchar, como si tuviésemos orejas dentro de los oídos. Millares de compatriotas que vivieron durante años en Alemania regresaron luego sin haber aprendido bien el alemán y, lo que es peor, habiendo echado a perder una parte de sus conocimientos del castellano.

Un tipo que trabajó durante muchas campañas en la flota bacaladera me contó que de los días de arribada en puertos de Canadá lo único que muchos de sus compañeros había aprendido de memoria era el precio en dólares de las busconas y los nombres de las enfermedades que podrían contraer. Fue él quien me aseguró que los españoles sólo mostraríamos verdadero interés por aprender lenguas nuevas si los idiomas diesen que desconfiar, estuviesen castigados o fuesen vicios.

Es una suerte que contemos ahora con una hornada de jóvenes con interés por salir al extranjero y ansiosos de aprender los idiomas de otros pueblos. Es alentador que esos muchachos inviertan la endémica pereza idiomática de sus compatriotas en un momento en el que otros muchos jóvenes han sustituido la lengua materna por una jerga sintética en la que en una frase de seis palabras, cuatro podrían acabar mezcladas con las flemas catarrales de cualquier escupidera.

Desde luego, a mí me habría gustado comprender en su idioma al tipo de Dubrovnik y compensarle un poco de su amabilidad con los forasteros y de sus esfuerzo por hacerse entender en su propio país. Resulta muy incómodo que el camarero que te atiende tenga que adivinar tus necesidades fecales por la congestión de tu rostro.

Menos mal que de mi indigencia idiomatica me consuelo cada vez que escucho a Julio Iglesias cantando con Willie Nelson y por conveniencia pienso que, según se mire, el inglés sólo es una manera como otra cualquiera de pronunciar mal el castellano.

J. L. ALVITE

sábado, 26 de marzo de 2011

Almas del nueve largo

Yo tuve diez años en un momento de mi vida en el que todos los niños de mi edad eran mayores que yo. Bueno, a lo mejor eso me ocurría porque estaba distraído mirando cómo se estrenaba a mí alrededor la vida y me fijaba poco en ellos. La verdad es que a los diez años a mí me parecía que el mar aún extrañaba la orilla y que, para no perderse de su aroma, la brisa del salitre y el aliento de las flores recorrían al tacto la costa neófita y garrapiñada.

Una mañana me adentré en la bajamar de Camabados y me metí hasta la cintura en la paz obstétrica y epidural del agua, caminando sobre un silbante morse de almejas y berberechos, sintiendo en las piernas la suave acupuntura de los camarones, sobrevolado por un párrafo de cormoranes altos, como el bracero infantil y descansado de una azulada plantación de silencio, agua y espuma. Mientras el agua pagana y ladrada me santiguaba las ingles, vi pasar a lo lejos una pañolada de veleros orzando en cursiva para recoger un sorbo de viento en la hernia de sus aparejos. Todo entonces era nuevo para mí y estaba seguro de que a cada rato se abrirían flores en las que jamás antes hubiese estado su aroma y ocurrirían frente a mis ojos cosas fantásticas e inimaginables de las que nadie sabría aún el nombre.

Yo solo tenía diez años, sólo eso, como tú, amiga mía, y ¿sabes?, entonces me parecía que nada malo podría ocurrirme y que, con el espectáculo de la vida debutando sin ensayos para mí, los trenes se deslizarían sin fatiga sobre la vainica de las vías, como las yemas de los dedos en la bandurria de Santi el relojero; el hambre volvería pan la saliva en rama de los mendigos y sólo la muerte tendría los días contados.

Todo era entonces tan hermoso, chiquilla, y tan nuevo, que aún la mitad del humo desconocía cuál era exactamente su llama y ni siquiera a los difuntos le habían caído cosas en el olvido. Y te prometo que todo era entonces tan suave, tan fértil, niña, y era todo en aquellos días tan acogedor y entrañable, que podría, si quisiera, recorrer el fondo del mar pisando a oscuras con una campanilla de cera en una mano y una vela ardiendo con sus llamas de miel en la otra mano. Yo tenía sólo diez años. Y todo eso sucedió en un momento de mi vida en el que lo malo que pudiese ocurrirme no sería en absoluto peor que encontrarme en la boca el sinsabor de ese puntito cítrico que de paso, que te apaga la sed, te cierra los ojos.

J.L ALVITE

sábado, 19 de febrero de 2011

San Valentín tiene resaca

En esta sociedad materialista nada se escapa al control del marketing al servicio del poder. Pretenden tener a las mujeres sometidas y mareadas de mil y una maneras (a los hombres, también). La propaganda, disfrazada de celestina progre y feminista, las anima a buscar churri como quien busca el bolso “must” de temporada. No importa que besen sapos que nunca se convertirán en príncipes, importa que conviertan a hombres en sapos condenados a sufrir las inclemencias de una relación inventada al abrigo de webs de “singles” que fomentan amores de “quitaypon”.

No son buenos tiempos para el amor. Ahora se lleva el “ligar de usas y tirar” disfrazado de compromiso, que dura menos que un chupachup. Puro consumismo: no se aman, se usan. En la España de “sanZPdelasruinas” y feminismo de cuota, se lleva ser “soltera, con hijo y churri”. Si prefieres vivir a tu aire y sin competir con damiselas a ver quien tiene el chico mejor, te tachan de anticuada o de algo peor. Demasiadas son las que se han dado calabazas así mismas en lugar de dárselas al caballero de la armadura oxidada. Por eso hay tanta diadema huyendo de las damiselas y buscando papelera donde refugiarse en espera del beso de amor verdadero que las despierte y convierta en coronas dignas de una mujer cuya alma sea inmune a las consignas progres.

San Valentín está harto de besar sapas que nunca se convertirán en reinas. Al hombre metroemocional también le ocurre lo mismo. Búscalo, existe, pero no es príncipe azul ni destiñe.

Rosetta Forner

jueves, 25 de noviembre de 2010

DIMISIONES IRREVOCABLES

Cada día se quitan la vida nueve personas en España. No es que corramos el riesgo de quedarnos sin compatriotas, pero la cifra empieza a alarmar a los psiquiatras. De los que optaron por irse antes de tiempo, casi el 78% eran hombres, pero quizá no debiéramos deducir de ese dato ninguna de las dos cosas más fáciles: que las mujeres son más valientes y soportan mejor la adversidad en un mayor grado y que los hombres somos más sensibles. Aunque ofrezca sus apasionantes variedades, no hay más que un género: el género humano. ¿Por qué muestran más prisa en abandonar su residencia en la tierra los hombres? Se sabe que es la más dolorosa forma de conocimiento, que los sucesos son menos influyentes que la manera en la que los aceptamos. Hay quienes toman la resolución de irse de este planeta que dicen que es azul, porque lo ven todo negro. A otros les mueve el ‘ansia de infinito’ o la desesperación por lo inmediato, pero no hay que descartar la esquizofrenia que nos incluye a los que seguimos queriendo estar vivos.

En época de crisis, la gente quiere vivir más tiempo. Se conoce que experimenta una mayor curiosidad y desea estar viva para cuando cese la penuria para festejarlo. El pesimismo es una pandemia. Las personas bien informadas y las demasiado informadas, aún más, sufrimos una sobreabundancia de desaliento: unas veces es porque nos enteramos de que Corea del Norte tiene una planta con 1.000 centrifugadoras para enriquecer el uranio y otras porque nuestros políticos tienen más de cuatro o cinco mil argumentos para enmascarar la verdad. “Aprecio más a un tipo cualquiera que se suicida, que es un poeta vivo”, dijo Ciorán, que decidió vivir para ser apreciado por la posterioridad. Si yo fuera capaz de aconsejar diría que no hay que impacientarse. La vida es cualquier cosa menos aburrida.

Manuel Alcántara