
sábado, 22 de mayo de 2010
Ve lento, por favor

viernes, 21 de mayo de 2010
BIG FISH

¿Alguna vez has oído un chiste tantas veces que ya no sabes por qué tiene gracia? y un día lo oyes otra vez y de repente es nuevo, entonces recuerdas por te gustó tanto la primera vez.
Aquel fue el último chiste de mi padre, supongo.
Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final el mismo se convierte en esas historias, siguen viviendo cuando él ya no está, y de este modo el hombre se hace inmortal.
Para Julia
Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres que llorar ante un muro ciego.
Te sentirás acorralada te sentiras perdida y sola tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en tí como ahora pienso.
Un hombre sólo una mujer así tomados de uno en uno son como polvo no son nada.
Pero cuando yo te hablo a tí cuando te escribo estas palabras pienso también en otros hombres.
Tu destino está en los demás tu futuro es tu propia vida tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas que les ayude tu alegría tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en tí como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes junto al camino nunca digas no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella ya verás como a pesar de los pesares tendrás amor tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección y este mundo tal como es será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte nada más pero tú comprende que yo aún estoy en el camino.
Y siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en tí como ahora pienso. domingo, 2 de mayo de 2010
Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad
ELOGIO DE LA LENTITUD
Un movimiento mundial desafía el culto a la velocidad
“Cuando las cosas suceden con tal rapidez, nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto, ni siquiera de sí mismo” Milan Kundera.
¿Por qué estamos siempre tan apresurados?, ¿cuál es el remedio contra la enfermedad del tiempo? y ¿es posible, o incluso deseable, hacer las cosas más despacio?
Vivimos en la era de la velocidad, la carrera a contra reloj es nuestra forma de vida. Aceleramos porque consideramos que el hecho de ir más rápido nos proporcionará más tiempo, más tiempo traducido en ocio, en familia, más tiempo para uno mismo.
Cuando encontramos a nuestro problema la posible solución que hará que éste se solucione de la forma más rápida gritamos ¡eureka! e inmediatamente, la aplicamos a nuestro día a día, un transporte más rápido, un ordenador más ágil, un cuento más resumido. Toda nuestra vida se ha convertido en un ejercicio de apresuramiento, en la cual el objetivo primordial es embutir el mayor número de cosas por hora.
“La enfermedad del tiempo” no nos deja hacer las cosas más despacio, nos hace que cada vez vayamos más rápidos. Muchas veces ir rápido no es sinónimo de hacer las cosas bien, a veces en la lentitud está el éxito. Correr no es la mejor opción. “Cuando aceleras las cosas que no deberían acelerarse, cuando olvidas cómo ir más lentamente, tienes que pagar un precio”. Muchas personas recurren sustancias estimulantes para aumentar su celeridad. Estimulantes más potentes que el café están tomando la delantera.
Hoy en día dormir las ocho horas está más cerca de ser una utopía. Por lo general dormimos mal, dormimos mal y no las suficientes horas, por eso recurrimos a los estimulantes que nos hacen ser rápidos y estar activos y ágiles.
Ya nadie es capaz de quedarse sentado contemplando la situación, en el momento en el que nos vemos sin nada que hacer, nos ponemos nerviosos, nos entra el pánico, y enseguida buscamos algo para hacer, para emplear el tiempo. “¿Cuándo ha visto por última vez a alguien que se limitara a mirar por la ventanilla del tren?”
“Es tiempo de poner en tela de juicio nuestra obsesión por hacerlo todo más rápido”
“Hemos olvidado la espera de las cosas y la manera de gozar del momento cuando llegan” es hora de encontrar un equilibrio entre la rapidez y la lentitud. Debemos actuar con rapidez cuando tenga sentido hacerlo y ser lento cuando la lentitud es lo más conveniente.