miércoles, 28 de diciembre de 2011

Facebook y los fantasmas

Los expertos señalan que pasamos un montonazo de horas delante de la pantalla. Las redes sociales nos absorben, ¡oh, Apocalipsis!; sólo importa seguir y ser seguido, y hay muchos que pierden su identidad real (me pregunto yo qué es eso) disueltos en sus múltiples avatares virtuales. Seguramente, todo eso sea cierto. Si es bueno, malo o regular, ya es otro tema y no importa aquí.

No estoy seguro de si eso es muestra de la decadencia de nuestras costumbres; si es que somos más o menos tontos hoy que antes; si resulta que, como consecuencia de nuestras adicciones cibernéticas, cualquier día seremos incapaces de hablar con el panadero cuando, por fin, decidamos bajar a la calle. Pero sé que hay algo en lo que las redes sociales, y en concreto Facebook, están cambiando nuestra vida emocional: olvidarse de las ex es mucho más difícil.

Facebook es una especie de campo social abierto y continuo. En él nuestro capital social está en juego siempre, todo el rato. Es como jugar en bolsa. Con quién te relacionas y con quién no, qué hiciste ayer o dónde estás ahora, de qué humos estás, de quién te haces amigo, en qué muros escribes. Los demás pueden saber de ti y, lo que es peor, tú puedes saber de los demás. Un flujo constante de información que convierte lo privado en público y que nos tiene siempre visibles de una forma u otra.

No entremos en el discurso manido de ‘si no quieres que te vean, no te apuntes’. Eso ya lo sabemos todos. Pero ahí estamos. Así que reflexionemos un poco: ¿qué pasa con nuestra concepción del entorno y del tiempo cuando nos sometemos al impacto diario de esa especie de sociedad espejo que es Facebook?

Porque el caso es que, antes, uno se enamoraba perdidamente de alguien en el mundo real. Y conocías a la chica, y luego resultaba que entablabais una relación rara, bonita y fogosa, de esas de amor odio en la que un día, todo, y al siguiente os tirabais los platos por la cabeza. O al día siguiente se había cepillado a tu mejor amigo. O tú a su prima. Cosas de mamíferos.

En una realidad pre-redes sociales, una vez rota la relación porque tenía que pasar, faltaba más, lo más normal era que perdieras el contacto, y se acabó. A no ser que tuvierais amigos comunes o vivierais en una comunidad muy cerrada, era fácil que esa persona de pronto desapareciera de tu vida y pasara, después de un periodo más o menos largo de ruptura y rabia y llanto y “novoyavolveraenamorarmenunca”, a otra cosa. La vida emocional tenía unos ciclos más o menos pautados y conocidos que te ayudaban a pasar página y, con un poco de suerte, a aprender algo.

Pero ahora, no. Los fantasmas vuelven. No sabes si dejar de ser amigo de tu ex o bloquearla, porque a lo mejor se da cuenta y, si se da cuenta, qué pensará, qué hará ella. ¿Dejará de quererme? Cierro mis opciones; estoy seguro de lo que he hecho. ¡Por Dios, QUE ALGUIEN PARE ESTO!

Y así con todo: viejos amigos (o enemigos) de la infancia, familiares lejanos a los que hace eones que no ves, ese colega pesado de la universidad al que no te sacabas de encima ni con agua caliente; antiguos compañeros de curro, del equipo de basket, del club de ajedrez. Esa chica con la que una vez tuviste un affaire y que a lo mejor tu actual novia no debería conocer…

Ante la pantalla del ordenador todo es magmático. La información se configura como un eterno flujo de conciencia. El pasado cibernético no existe, todo es presente y eso tiene contrapartidas en la manera en la que enfrentamos nuestra vida real. Porque ahí seguimos; en esos ciber-ruedos nos proyectamos y lo que pasa en nuestras pantallas, en cierta manera, cada vez pasa más fuera. ¿De qué forma? Todavía está por ver. Al menos, está claro que una cosa no va a cambiar nunca: que la mayor parte de las veces, en temas de amores, nos liamos nosotros solitos.

Natxo Medina | YOROKOBU

lunes, 26 de diciembre de 2011

¡ Nuevo Blog !

Aquí va la última entrada que cierra la asignatura de Comunicación Empresarial, Institucional y Relaciones Públicas. Maneras de comunicar.


sábado, 24 de diciembre de 2011

La Navidad según Alvite

A mi la Navidad ni me produce una alegría incondicional e infinita, ni me provoca el rechazo que sienten por lo general quienes consideran que se trata de una celebración nacida en tiempos de sorprendente inocencia y sostenida luego por oscuros y fríos intereses comerciales.

Hay quien adora la Navidad porque tiene de ella la visión elemental de que es un buen momento para reunirse con la familia. Otros prefieren creer que son días aciagos en los que lo que se recuerda es la ausencia dolorosa e irreversible de quienes fallecieron. Para muchos, las fiestas navideñas son una buena excusa para saltarse el régimen alimenticio y ganar los quilos que se comprometerán a perder en los juramentos inútiles del año nuevo. A mí me trae sin cuidado lo que los demás piensen de la Navidad, que es algo que me gusta sin necesidad de dar explicaciones, entre otras razones, porque no se trata de un delito.

Tampoco me molesta en absoluto ese cine navideño lleno de trineos y alegorías benéficas, con familias pecosas y felices reunidas con discreto fingimiento moral en torno a un pavo obeso y gratinado que mismo parece un avión. ¿Qué el espíritu de la Navidad es una recreación falsa de sentimientos siempre más infames? Sí, puede que lo sea, pero, ¿qué hay de malo en ello? ¿Alguien se ofendería si los terroristas islámicos dejasen de matar en Irak aunque sólo fuese por la decorosa estupidez de fingir una decencia de la que carecen? No hay nada de malo en que la gente se felicite la Navidad a pesar de no sentir sinceramente lo que dice. Hay rutinas que ennoblecen al ser humano, incluida la rutina de mentir de buena fe. Yo estos días escucho esos hermosos villancicos que tienen por costumbre grabar toda las grandes figuras de la música ligera de los Estados Unidos, desde el sentimental y eterno Sinatra hasta la felina y actual Cristina Aguilera. Yo sé que se trata de un negocio, pero no me importa. Escucho esas voces y me gusta escribir mientras suenan en mis oídos. ¿Qué no sienten lo que cantan? Bien ¿y qué? Muchos políticos llegan al poder gracias a no decir lo que piensan.

La humanidad ha hecho grandes cosas a partir de enormes mentiras. Y si uno mira a su alrededor, se dará cuenta de que muchas parejas perduran en el tiempo gracias a que ambos están de acuerdo en evitar que la sinceridad les eche a perder la esperanza. Pues algo así ocurre con la Navidad, que puede que sea una gran mentira, una patraña comercial, pero que a muchos les sirve para ir tirando mientras sean capaces de creer que con un poco de imaginación la cruda realidad puede ser algo delicado y hermoso, como una blasfemia pasando a través de una ocarina.

JL Alvite

jueves, 22 de diciembre de 2011

Yo ya renuncié hace tiempo a definir el amor, así que me conformo con mi vieja idea de que se trata de un sentimiento inexplicable que se extingue tan pronto el enamorado entra en razón, tanto como al cabo de años de convivencia se resiente el sexo al encender la luz.

JL Alvite

jueves, 15 de diciembre de 2011

DO YOU PLAY?

DO YOU
PLAY?

SOMOS ARTÍFICES de nuestro propio look. "Ya no es suficiente parecer modernos, también queremos parecer inteligentes", escribió Jean-Jacques Picart. El concepto de 'Play-Fashion' surgió dándole vueltas al concepto de las Playlist del iPod: listas únicas que son resultado de la capacidad del usuario para combinar canciones de modo personal. Hacerlo es divertido y convierte a cada lista en un diseño único.

En este sentido, las marcas nos ayudan a contar quiénes somos: actúan como facilitadores en la construcción de relatos de identidad. Saben que hoy habitan en nuestro armario pero quizás mañana ya no, y por eso juegan a seducirnos: "Déjame que te ayude a ser quién quieres ser", nos musitan al oído en forma de campañas cada vez más sociales. La moda sin los otros... es menos moda.

(...) Amar la moda pasa por descubrir que puedes vivirla desde la libertad o el victimismo, desde la inmediatez o la lentitud, desde la innovación o la copia, desde la originalidad o el consumo de masas. Ahora más que nunca, la moda es una elección personal, expresión de nuestra identidad.

(...) Por eso, puestos a jugar, elijo quedarme con la moda inteligente, consciente, independiente y de calidad. La moda culta. La moda que sabe mezclar, reversionar y 'vintagear'. La moda que mira hacia atrás antes de seguir hacia delante. La moda que refleja quiénes somos y la historia que queremos contar. Porque como decía Frank Miller: "El estilo no se busca, demuestra lo que uno es"... Do you play?

NOVIEMBRE 2011/YOROKOBU

martes, 13 de diciembre de 2011

Pies de cadáver

Como a cualquier persona, me gusta que me ocurran cosas agradables y soy feliz si recibo buenas noticias. También es cierto que ante las cosas buenas soy desconfiado y dudo de que mis mejores noticias no sean el resultado inesperado de algún error. Esa es la razón por la que me cuesta disfrutar de las cosas agradables y permanezco a la espera de que se me frustren.

Muchas veces he precipitado la interrupción de una historia hermosa para que su amargo final no me pillase desprevenido. Durante muchos años la vida me acostumbró a perder y suelo desenvolverme bien en las peores circunstancias. Cada vez que emprendo un viaje en el coche, no me hago ilusiones sobre el destino que me espera y prefiero hacerme a la idea de que me resulte agradable la ciudad a la que llegue sin haberlo pretendido. Compro lotería sin ninguna fe en mi suerte, así que no me preocupa en absoluto olvidar donde diablos puse el décimo. Cuando lo natural habría sido hacer la mili en el Ejército, la casualidad de un sorteo me alistó en la Marina. Aunque el servicio era algunos meses más largo, no me inmuté. Incluso me habría parecido natural que la Armada me destinase a un destacamiento tierra adentro en Zamora.

Esa sensación de dulce extravío me ha acompañado a lo largo de toda mi vida. No estuve jamás en la guerra, pero en el caso de haber sido envidado al frente, estoy seguro de que habría caído prisionero de una avanzadilla de mi propio bando. Aliento desde niño la ilusión de verme arrastrado a una vida trashumante y caótica, dando tumbos por la geografía, de pueblo en pueblo, de familia en familia, y enterarme en el lugar en el que despierto gracias a leer en un bar el periódico local. Porque al final resulta que las pisadas del mejor bailarín acaban dando sin remedio con los pies de su cadáver.

J. L. Alvite

lunes, 12 de diciembre de 2011

La vida, una contradicción

Planteamiento de la vida según mi profesor de Movimientos Artísticos Contemporáneos y Sociología, en un día como hoy, donde su palabra fue el objeto de mi entrevista...

"La vida es una contradicción constante, permanente. Es irresoluble. No hay dialéctica, porque en la dialéctica se afirma una cosa, se niega otra y surge una nueva. La vida no se resuelve nunca, y por lo tanto, es trágica, no dramática. Lo dramático se resuelve y lo trágico no".

Una entrevista que no tiene desperdicio... PRÓXIMAMENTE

"La muerte es una exigencia para reivindicar la vida"
J. Esteban

sábado, 10 de diciembre de 2011

Comunicar

La comunicación es una necesidad y la utilizamos todos los días pero...

Comunicar no significa ser escuchado,
ser escuchado no significa ser comprendido,
ser comprendido no significa haber persuadido,
haber persuadido no significa ser recordado,
ser recordado no significa cambiar de comportamiento.

Canción de la semana

Siempre tuvo canciones para cantarle al amor de todo. Vuelvo a poner en la mini-cadena el viejo disco que me regalaron un día de cumpleaños con una recopilación de canciones de 1996 a 2006. Y volví a encontrarme con una de mis canciones preferidas. Lady Blue.

"y ahora todo es mejor, la lluvia de asteroides ya pasó y no fue para tanto y desde aquí, todo es tan insignificante, nada es tan preocupante, y el espacio es un lugar tan vacío sin ti. Lady, Lady Blue, sin control sin dirección la luz se fue ¿a dónde voy?"