lunes, 31 de enero de 2011

Canción de la semana

Porque me siento identificada con la letra, porque este estribillo se pega y se pega y se pega, por eso; y porque hoy me veo capaz para gritar a los cuatro vientos: No puedo vivir sin ti, no hay manera...!


viernes, 28 de enero de 2011

Fin de exámenes

¡Esto se acaba! No me lo creo. Hace nada me encontraba escribiendo una entrada del comienzo de los exámenes, y hoy, dos semanas después, escribo una para decir que todo acabó. Fue verdaderamente como lo describí, una lucha de leones, cada vez que el profesor/a en cuestión entraba en aula acompañado/a de la decana de la Facultad, los pelos se erizaban y la tensión aumentaba de 0 a 100 en menos de un minuto. Tampoco faltaron las frases míticas entre los compañeros, vamos a morir, qué nervios, no hay julio o suertecilla fueron algunas de las que se oyeron. Pero toda esta tensión que se había estado forjando, baja de golpe una vez vistas las preguntas, en ese momento sólo se piensa dos cosas, qué bien, me sé todas, o bueno, veré lo que puedo hacer.

Ya sólo queda esperar al resultado, nuestro turno pasó, ahora les toca a ellos. Pronto saldrán las notas, nos comentan.

sábado, 22 de enero de 2011

Al día después

Primero fue Delibes. La tierra –su tierra– tembló de pena. La literatura se resintió. Se nos fue el hombre digno, el escritor comprometido, el periodista que escribía y cazaba. Entonces, la élite intelectual recordó su estilo, su lenguaje, su paisaje rural, su defensa de Castilla oculta y olvidada. Y es que don Miguel no se achicó ante el poder, ni se dejó llevar por luces de palacio ni palmadas de político. Al día después, el mensaje se fue desvaneciendo, pero no la obra, que se agigantó. Pocos son los que pasean por Cortiguera, nulos los responsables públicos que suman en su agenda releer al Delibes rural y, menos los escritores que van por ahí buscando viejas palabras, paisanos y malvises.

Luego fue Saramago. Entonces, hasta el mismísimo cielo se encapotó. El portugués universal, el escritor que habló ‘de tú’ a Dios, el que nunca se cortó a la hora de denunciar, nos agrandó la herida de la pena. Otra vez, como pasa siempre el día después, la literatura cotizó en bolsa. Don José quebró de nuevo la ‘pax’ literaria y desencadenó otra furia informativa sobre su obra. Fue valiente, todos insistieron en sus valores, en su defensa de la justicia… fue hombre entero, como su adorado Pessoa. No andaba desorientado cuando trazó una línea en el mapa con la vara del avellano y puso a Iberia a navegar en su balsa de piedra. Pero también la tempestad de elogios amainó el día después ¿Quién sigue sus denuncias implacables?

Hace ya unos meses Labordeta dejó olvidada su mochila en el camino. Otra vez, la pena. A Labordeta le lloramos cantando. José Antonio escribió, rimó, impartió clase y formó parte de la orquesta que musicó la lucha por la democracia en España. Se nos fue “con la dulce nostalgia de los días huidos”, pero dejó un brillante anecdotario salpicado de ingenio. El maño se metió en los hogares gracias a la televisión. Sembró un modelo de programa que pocos se atreven a reeditar porque no es fácil –es imposible– entrar en las casas del común cantando, con una mochila, acompañado de un pastor y un botijo de agua limpia. Y este profesor de Geografía, entre otras materias, lo hizo con sencillez y fuerza. Su compromiso le llevó a ocupar un escaño y a participar en la política activa. Fue ahí donde salió el senderista que cuestiona la geografía social. Levantó la vista y alzó la voz, con algún que otro taco bien traído. El problema es que, al día después de abandonarnos, se nos olvida su verdadero mensaje, el de sus conductas, llenas de dignidad y valentía. Toca leer menos y hacer más lo que ellos predicaron.


Javier Pérez Andrés

miércoles, 19 de enero de 2011

Canción de la semana

No tengo ningún motivo para explicar por qué me gusta tanto la letra de esta canción, pues parece que su contenido es más propia de alguien que ha sufrido el desamor, y en esta ocasión, ese no es mi estado, pero todos tenemos un amor que se fue... para no volver.

Va por ellos, los tramposos

Ayer comprendí, durante mi primer examen de este cuatrimestre, Derecho de la Información, algo que guarda relación con la anterior entrada, y había ignorado por creer que esta clase de hombretones (y “hombretonas”, no os ofendáis sexo masculino, que no os meto solamente a vosotros en el saco), ya no existían por la universidad, véase a quien me estoy refieriendo, los TRAMPOSOS (y con tramposos, me hago referir a los que copian de la manera más descarada y sin perjuicio alguno en los exámenes). Esta entrada va por ellos, por los sucios que son, seréis más felices al ver ese nueve que tanto anheláis con tan poco esfuerzo, pero nunca llegareis a saber que la verdadera felicidad está en ese nueve conseguido con el sudor y el esfuerzo de estar horas y horas en el empeño por conseguirlo. Tal vez ganareis muchas más veces que yo (con trampas, cualquiera ¿no?), pero el gustazo que se experimenta al ver ese nueve al lado de donde se encuentra tu DNI, escuchadme bien, NO TIENE PRECIO.

Podéis seguir haciendo las trampas que queráis, pero sabéis una cosa, el que ríe el último, ríe mejor.

domingo, 16 de enero de 2011

Aunque no lo parezca, creo en los milagros

Creo en los milagros. Las desapariciones existen, pero sólo si tú quieres que así sea. Esos son los verdaderos milagros, los que uno cree. Un día más me he levantado con esa extraña sensación que lleva ocupando mi cuerpo estas tres últimas semanas, falta de confianza en mí. En esta ocasión, como en todas aquellas que se llevan repitiendo desde tiempos mozos, no hay milagros a los que poderme agarrar. Supongo que una de las razones de todo esto, sea yo. En estas ocasiones que tan a menudo se repiten en mi vida, prefiero mantener alejada la confianza, pues ese nerviosismo que se experimenta minutos antes del examen, horas antes o incluso días antes, me dice algo, por lo menos eso es lo que me gusta oír entre todo ese revuelo de mariposas en el estómago: te lo sabes.

Me gusta pensar que aquel que rara vez tiene ese revoloteo dentro de sí, no se lo sabe. Como en todas las teorías, siempre cojea algún lado, y ésta, como una más, también lo hace. Probablemente, esta persona a la prejuzgo de no sabérselo tenga otro temperamento que le permita luchar como auténtico gladiador contra sus peores temores, pero me resulta más satisfactorio pensar que el nerviosismo es la confirmación de la victoria.

Tengo miedo, mucho miedo. Respiro hondo. Cuento los minutos. Miro dubitativamente el montón de folios que se encuentra sobre la mesa. Me viene una pregunta a la mente ¿ganaré?

martes, 11 de enero de 2011

¡Juega! y ¡Lucha!

Retomo el eslogan de una de mis entradas redactadas el año pasado. Últimos días, así es. Podría venir al pelo con las fechas en las que estamos y con el momento de rebajas que vivimos, sin embargo, se aleja bastante de eso. ÚLTIMOS DÍAS antes de la gran final de este primer cuatrimestre.

Tengo más miedo que vergüenza, pero en definitiva, relaja pensar que los exámenes son como una lucha de leones, lo único que tienes que decirte son estas palabras mágicas, levanta la cabeza y echa los hombros hacia atrás, camina con orgullo, no te lamas las heridas, celébralas... las cicatrices son la marca del campeón.
Esfuérzate, juega rápido, con soltura y libertad, como si no hubiera un mañana, no se trata de ganar o perder, se trata de cómo juegues ¿no?

¡Juega! y ¡Lucha! Ese será mi grito de guerra.

Que en verdad así sea, y que dentro de unas semanas, pueda cantaros a grito pelado el CAMPEONES OÉ... y riamos porque lo que atrás quedó, fue otra de las formas de subir la escarpada. Y yo estaré ahí de nuevo, comprendiendo que es verdad que la verdadera felicidad no se encuentra en la cima de la montaña, sino en el cómo se sube ésta.

domingo, 9 de enero de 2011

Es curioso... dijo Peter, pasé la mayor parte de mi juventud como en una antesala, siempre esperando que pasase algo con mi vida, como si aún no hubiese empezado. Como cuando te hablan de un sitio que es la leche, y un buen día organizas una excursión para ir allí, y recorres ese camino esperando llegar al final, y cuando llegas ves que en realidad no era para tanto, y que el camino en sí era lo que merecía la pena.

sábado, 25 de diciembre de 2010

sábado, 18 de diciembre de 2010

Práctica digital

La compra de los consumidores del mercado del Val disminuye en cantidad, pero no en calidad

Los compradores de toda la vida son fieles a su mercado

El Mercado vallisoletano del Val fue realizado durante la alcaldía de Miguel Íscar en 1878, éste subsiste como testimonio de una época de gran prosperidad para la ciudad. Derribados los otros dos mercados coetáneos al nombrado, los mercados del Campillo y Portugalete, del Val se convierte en el mercado más antiguo que se conoce en la ciudad. Esta antigüedad le ha otorgado un lugar de preeminencia dentro de sus compradores habituales.

El ambiente en el mercado del Val es muy cómodo y familiar entre compañeros de profesión, es así como ‘una gran familia’. La competitividad apenas aparece, y la poca que aparece como en cualquier negocio que se preste, es sana, “sin hacer mal al compañero”, permitiendo a su vez, que la poca que existe, mantenga a los vendedores más despiertos. Las rivalidades se quedan aletargadas para dar paso al compañerismo, que en muchas ocasiones, se convierte en amistad.

Los consumidores suelen ser de un nivel adquisitivo medio alto, gente educada y de muy buen trato que le gusta encontrar una buena relación entre calidad y precio, pero también cuenta con un gran porcentaje de gente que va de paso, “el mercado se llena en fechas señaladas, en las Navidades, en las vísperas de fiestas o en los puentes, se duplica el número de consumidores, con muchísima gente de paso.” A él, acude mucha gente a la que le gusta encontrar una gran variedad en pescados, carnes o frutas. Las personas de toda la vida se hacen notar en los puestos, “conozco a gente a la que le ha despachado mi padre y mis abuelos, y que ahora les estoy atendiendo yo.”

Descenso de ventas

La escasez de ventas se ha convertido para estos vendedores del merado del Val, en una constante a lo largo del año. La gente reduce su compra, “la compra es más reducida, se nota además que según qué productos se compra mucho menos”, y la cantidad que compran, “antes se llevaban un quilo de alubias verdes, y ahora, se llevan menos alubias verdes, y más patatas o zanahorias.”

En estas fechas de Navidad tan señaladas es cuando menos se nota este descenso, sigue habiéndolo, pero los consumidores suelen salir más al mercado, “la gente cuando llega Navidades, echa lo que les queda. Todo el mundo tiene Papa Noel, tiene Reyes Magos y todo el mundo come lechazo. Se nota mucho más durante el año”.

Las gambas, la merluza, el marisco, el solomillo o el lechazo siguen triunfando como plato estrella para estas fiestas. La receta que los consumidores del mercado del Val aplicarán estas Navidades, es la de menos cantidad, pero igual calidad.