Ya hubo un sabio que formulaba la siguiente reflexión: "tenemos dos orejas para escuchar y una sola boca para hablar."
Es muy posible que en esta reflexión se concentre toda la explicación que se ha desarrollado en este fragmento de "El arte de callar".
Es verdad que no se sabe callar, que por lo general, cuando se hace, se hace mal, pero la necesidad de comunicar, de hablar de cosas que otro consideraría absurdas (pudiendo que tengan razón) es mayor.
El arte de hablar, tiene que tomarse como una virtud. La genialidad de las relaciones humanas es en gran medida, gracias a la capacidad de hablar. Tal vez sea el miedo al silencio, el que nos esté impulsando a no poder dejar de hablar, una especie de "horror vacui" aplicado al silencio.
Así bien, aplicando una reflexión que Aristóteles dio "el justo medio entre dos extremos viciosos" queriendo expresar su postura antiextremista, yo diría, al igual que Aristóteles, que no se debe ser extremista, no todo es tan malo ni tan bueno.
No debemos aplicar eso de "solo se tiene que dejar de callar, cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio".
Sí, debemos aprender y aplicar los silencios, pero sin excedernos en su utilización.
Bibliografía:
Dinouart, Joseph Antonie-Toussaint(2004): El arte de callar. Madrid. Siruela.
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