
Nunca antes se había hablado tanto de la piratería como se está haciendo ahora. La reproducción ilegal de películas, libros y sobre todo de música está más en auge que nunca. En los últimos meses se ha estado hablando del polémico canon digital que el Gobierno a instancias de la Sociedad General de Autores (SGAE) ha querido imponer sobre los equipos y soportes electrónicos de uso masivo, impuesto que ha sido rechazado por la Justicia europea al considerar que viola la ley europea.
La piratería es una realidad que parece estallar con la aparición de las nuevas tecnologías, tecnologías que llegaban repletas de grandes ventajas y pocos riesgos. Nadie se aventuró a predecir en aquel entonces, la cara subyacente de este nuevo progreso, pues como todo, nada viene de prestado y sin molestar, ya habría quién supiera cómo hacer de esta nueva tecnología, un arma en potencia. Pero echemos la vista atrás y observemos que había hasta esta nueva aparición, más piratería, así es. La piratería de la que estamos hablando hoy día, no es más que una extensión de la que ya se estaba formalizando años antes. Ya había personas que se dedicaban a intercambiar sus cintas de música, grabadas en otras cintas, y estos a su vez, en otras, y así sucesivamente hasta conformar, si bien es verdad, una red menos extensa que la que ahora hay, una serie de hilos interconectados y dispuestos a seguir difundiendo casetes.
Hace 25 años, el primer informe realizado por Asociación Fonográfica y Videográfica Española (AFYVE), ya lanzó la nueva amenaza, por aquel entonces de los casetes, señalando que ponía “en grave riesgo la continuidad del sector fono-videográfico y de todos aquellos que colaboran y trabajan en él”. La piratería en España ya se había convertido en un problema muy serio.
Esta “guerra” por querer reproducir de manera casi infinita y sin control alguno, no dejó de cesar en su empeño. Entre 1982 y 1984, el número de casetes originales vendidas en España se redujo en un 50%, pasando de los 21 millones a los 11 millones de unidades vendidas, mientras que las casetes piratas pasaron de los 2 a los 12 millones, en los mismos años, es decir, se incrementaron un 600%.
Aquella crisis que vivieron las discográficas con las cintas, se ve empequeñecida por la de ahora. El asunto está tomando aires maliciosos. El Gobierno no para de lanzar mensajes de advertencia contra aquellos que reproducen de manera ilegal cualquier tipo de contenido protegido contra la reproducción ilícita. Surgen leyes nuevas contra la piratería en Internet y el cierre de páginas de descargas, pero el hecho está en que todo se encuentra como al principio. El Ejecutivo cree que está aplicando una especie de alarma con que “viene el lobo” y acaba con todo, pero la realidad es muy diferente, los mensajes de advertencia se suceden uno tras otro a modo de poema recitado sin consecuencia alguna.
No es tiempo de llevar a cabo una masacre contra el gran invento llamado Internet, no es tiempo de prohibiciones y de ambiciones por parte de las discográficas y de las asociaciones para la protección de la autoría, es tiempo de hacer ver a estas instituciones que el camino por el que pretenden ir, y por el cual nos quieren llevar, no va ser más que un proyecto sin salida. Es la era de Internet, les guste o no les guste, quieran o no.
Patricia Zamora
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