La entrada del café estaba precedida de tres escalones de mármol que en aquel momento una mujer rechoncha frotaba vigorosamente con un paño para sacarles brillo.
- Buenos días -la saludó Ariadna, que no se atrevía a pisar aquellos escalones tan relucientes.
- ¿Es que los hay que no sean buenos? -respondió sonriente la limpiadora-. Esto decía siempre un profesor que estuvo años en el laberinto.
- ¿Y qué fue de él?
- No lo sé, porque no ha a vuelto a pasar por aquí. Tal vez encontró el centro del Laberinto.
- O fue devorado por el minotauro -añadió Ariadna, entre dudosa y asustada.
- Nadie lo sabe. Por cierto, mi nombre es Nirvana. Dicen que soy la más sabia de esta calle, porque limpio las conciencias.
Ariadna se sorprendió al oír esto, ya que la mujer aparentemente sólo limpiaba los tres escalones. Como si le hubiera leído el pensamiento, Nirvana le dijo entonces:
- ¿Ves estos tres escalones? Son los mismos que tiene cada persona en su cabeza y hay que limpiarlos. El primero es la opinión que tenemos de los demás, que sólo sirve para crear perjuicios. El segundo es la opinión que creemos que los demás tienen de nosotros, que genera miedos, engaños y malentendidos. El tercero es la opinión que tenemos de nosotros mismos, que hace que nos miremos el ombligo e inventemos problemas. Convienen limpiar de vez en cuando las opiniones de estos tres escalones para lograr una vida auténtica y feliz.
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