El otro día, un periodista me preguntaba si en aquel momento guardaba resentimiento hacia alguien. Por unos instantes repasé muchos días de mi vida y me di cuenta de que lo único que en aquel momento me venía a la memoria era agradecimiento.
(…) Ahora, mientras escribo estas líneas, estaba dándole vueltas al coco, en el fondo de mis recuerdos, alguien que, en algún momento, me hubiera amargado la vida y es curioso comprobar cómo los recuerdos amables se colocan en el primer lugar y los otros quedan emborronados tras una nebulosa que diluye a las personas y los hace inexistentes.
Hoy, cuando ha transcurrido una semana de mi retirada, sólo me queda una palabra en los labios: gracias. Nada más.
José Antonio Labordeta, Tierra sin mar
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