miércoles, 21 de noviembre de 2012

Un recorrido por las manipulaciones del pensamiento

“Carecer de palabras para referirse a los sentimientos significa no poder apropiarse de ellos”
 Daniel Goleman

Y en efecto, las seducciones del lenguaje sentimental no sólo se dirigen a modelar la voluntad del otro. También sirven para ensalzar y endulzar las percepciones de las que puede disfrutar uno mismo en su relación con la realidad. Y para precisarlas. Muchas veces no sabemos cómo dar el pésame a alguien por la muerte de un ser querido. “Te acompaño en el sentimiento”, dicen muchos; pero eso nos parece a menudo una fórmula manida, tópica, acartonada, sin valor alguno para quien la escuche. Y “lo siento” se puede aplicar a situaciones infinitamente menos graves, lo que puede dar idea de que la muerte de un familiar se asocia a la pérdida del teléfono portátil. Sólo en la medida en que hallemos con palabras lo que sentimos realmente podremos expresarnos ante los demás y ante nosotros mismos. Y las palabras con su halo seductor pueden venir en nuestra ayuda si nos proponemos llamarlas. Porque existen. Pueden enriquecerse con su papel arrinconador de términos bajos, con las sinécdoques tramposas, con las metáforas que utilizan las palabras más universales y más adaptadas (a la vez) a cada experiencia personal, esos términos que nos evocan siempre lo más hermoso que hemos relacionado con ellos. Las palabras seductoras marcarán la clara diferencia entre quien dice aburridamente “te acompaño en el sentimiento” y quien expresa “dame un abrazo, amigo”. Entre quien propone un osculeo vulgar con gestos evidentes o palabras burdas y quien anuncia a la persona deseada, en plena maniobra de lenta y estudiada aproximación, que le gustaría besar su sonrisa.


Álex Grijelmo, La seducción de las palabras
Fotografía:  Gilbert Garcin

No hay comentarios:

Publicar un comentario