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viernes, 12 de abril de 2013

Preciosa entrevista a José Luis Sampedro

miércoles, 14 de marzo de 2012

Aunque parezca mentira, a veces un abrazo es suficiente para darse cuenta de que entre dos personas se ha abierto un hueco de 500 millas.

J.L. Alvite

miércoles, 7 de marzo de 2012

Con el paso de los años nos damos cuenta de que nada es para siempre. Entonces sustituimos la esperanza por la resignacion y decidimos que lo mejor es recordar las cosas buenas, desandar el tiempo en la memoria y hacer planes para ayer. Solemos recordar solo las cosas que nos hicieron bien. Y eso es asi porque la memoria es casi siempre más inteligente que la esperanza.

J.L. Alvite

martes, 6 de marzo de 2012

Lo quiero ahora

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso.O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación -al menos la sensación- de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una persona amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Ángeles Caso

jueves, 19 de enero de 2012

Dicen los creyentes que ni siquiera la muerte es para siempre. También es cierto que no hay un solo recuerdo que dure más que el olvido, ni un amor que no se resienta por culpa de que tarde o temprano en todas las flores se esconde el aguijón de alguna avispa. Pero no nos decepcionemos por eso, porque incluso mientras se marchitan huelen bien las flores.

J.L. Alvite

lunes, 9 de enero de 2012

Almas del nueve largo

Cada vez que conozco a alguien se me ocurre pensar que estaré a su lado el tiempo que tarde en acertar con la frase que voy a necesitar para despedirme. El caso es que conservo un amigo desde que estuvimos de niños juntos en la escuela. Supongo que a veces la amistad es algo tan hermoso que nos deja sin vocabulario para decir adiós.

J. L. Alvite

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Facebook y los fantasmas

Los expertos señalan que pasamos un montonazo de horas delante de la pantalla. Las redes sociales nos absorben, ¡oh, Apocalipsis!; sólo importa seguir y ser seguido, y hay muchos que pierden su identidad real (me pregunto yo qué es eso) disueltos en sus múltiples avatares virtuales. Seguramente, todo eso sea cierto. Si es bueno, malo o regular, ya es otro tema y no importa aquí.

No estoy seguro de si eso es muestra de la decadencia de nuestras costumbres; si es que somos más o menos tontos hoy que antes; si resulta que, como consecuencia de nuestras adicciones cibernéticas, cualquier día seremos incapaces de hablar con el panadero cuando, por fin, decidamos bajar a la calle. Pero sé que hay algo en lo que las redes sociales, y en concreto Facebook, están cambiando nuestra vida emocional: olvidarse de las ex es mucho más difícil.

Facebook es una especie de campo social abierto y continuo. En él nuestro capital social está en juego siempre, todo el rato. Es como jugar en bolsa. Con quién te relacionas y con quién no, qué hiciste ayer o dónde estás ahora, de qué humos estás, de quién te haces amigo, en qué muros escribes. Los demás pueden saber de ti y, lo que es peor, tú puedes saber de los demás. Un flujo constante de información que convierte lo privado en público y que nos tiene siempre visibles de una forma u otra.

No entremos en el discurso manido de ‘si no quieres que te vean, no te apuntes’. Eso ya lo sabemos todos. Pero ahí estamos. Así que reflexionemos un poco: ¿qué pasa con nuestra concepción del entorno y del tiempo cuando nos sometemos al impacto diario de esa especie de sociedad espejo que es Facebook?

Porque el caso es que, antes, uno se enamoraba perdidamente de alguien en el mundo real. Y conocías a la chica, y luego resultaba que entablabais una relación rara, bonita y fogosa, de esas de amor odio en la que un día, todo, y al siguiente os tirabais los platos por la cabeza. O al día siguiente se había cepillado a tu mejor amigo. O tú a su prima. Cosas de mamíferos.

En una realidad pre-redes sociales, una vez rota la relación porque tenía que pasar, faltaba más, lo más normal era que perdieras el contacto, y se acabó. A no ser que tuvierais amigos comunes o vivierais en una comunidad muy cerrada, era fácil que esa persona de pronto desapareciera de tu vida y pasara, después de un periodo más o menos largo de ruptura y rabia y llanto y “novoyavolveraenamorarmenunca”, a otra cosa. La vida emocional tenía unos ciclos más o menos pautados y conocidos que te ayudaban a pasar página y, con un poco de suerte, a aprender algo.

Pero ahora, no. Los fantasmas vuelven. No sabes si dejar de ser amigo de tu ex o bloquearla, porque a lo mejor se da cuenta y, si se da cuenta, qué pensará, qué hará ella. ¿Dejará de quererme? Cierro mis opciones; estoy seguro de lo que he hecho. ¡Por Dios, QUE ALGUIEN PARE ESTO!

Y así con todo: viejos amigos (o enemigos) de la infancia, familiares lejanos a los que hace eones que no ves, ese colega pesado de la universidad al que no te sacabas de encima ni con agua caliente; antiguos compañeros de curro, del equipo de basket, del club de ajedrez. Esa chica con la que una vez tuviste un affaire y que a lo mejor tu actual novia no debería conocer…

Ante la pantalla del ordenador todo es magmático. La información se configura como un eterno flujo de conciencia. El pasado cibernético no existe, todo es presente y eso tiene contrapartidas en la manera en la que enfrentamos nuestra vida real. Porque ahí seguimos; en esos ciber-ruedos nos proyectamos y lo que pasa en nuestras pantallas, en cierta manera, cada vez pasa más fuera. ¿De qué forma? Todavía está por ver. Al menos, está claro que una cosa no va a cambiar nunca: que la mayor parte de las veces, en temas de amores, nos liamos nosotros solitos.

Natxo Medina | YOROKOBU

sábado, 24 de diciembre de 2011

La Navidad según Alvite

A mi la Navidad ni me produce una alegría incondicional e infinita, ni me provoca el rechazo que sienten por lo general quienes consideran que se trata de una celebración nacida en tiempos de sorprendente inocencia y sostenida luego por oscuros y fríos intereses comerciales.

Hay quien adora la Navidad porque tiene de ella la visión elemental de que es un buen momento para reunirse con la familia. Otros prefieren creer que son días aciagos en los que lo que se recuerda es la ausencia dolorosa e irreversible de quienes fallecieron. Para muchos, las fiestas navideñas son una buena excusa para saltarse el régimen alimenticio y ganar los quilos que se comprometerán a perder en los juramentos inútiles del año nuevo. A mí me trae sin cuidado lo que los demás piensen de la Navidad, que es algo que me gusta sin necesidad de dar explicaciones, entre otras razones, porque no se trata de un delito.

Tampoco me molesta en absoluto ese cine navideño lleno de trineos y alegorías benéficas, con familias pecosas y felices reunidas con discreto fingimiento moral en torno a un pavo obeso y gratinado que mismo parece un avión. ¿Qué el espíritu de la Navidad es una recreación falsa de sentimientos siempre más infames? Sí, puede que lo sea, pero, ¿qué hay de malo en ello? ¿Alguien se ofendería si los terroristas islámicos dejasen de matar en Irak aunque sólo fuese por la decorosa estupidez de fingir una decencia de la que carecen? No hay nada de malo en que la gente se felicite la Navidad a pesar de no sentir sinceramente lo que dice. Hay rutinas que ennoblecen al ser humano, incluida la rutina de mentir de buena fe. Yo estos días escucho esos hermosos villancicos que tienen por costumbre grabar toda las grandes figuras de la música ligera de los Estados Unidos, desde el sentimental y eterno Sinatra hasta la felina y actual Cristina Aguilera. Yo sé que se trata de un negocio, pero no me importa. Escucho esas voces y me gusta escribir mientras suenan en mis oídos. ¿Qué no sienten lo que cantan? Bien ¿y qué? Muchos políticos llegan al poder gracias a no decir lo que piensan.

La humanidad ha hecho grandes cosas a partir de enormes mentiras. Y si uno mira a su alrededor, se dará cuenta de que muchas parejas perduran en el tiempo gracias a que ambos están de acuerdo en evitar que la sinceridad les eche a perder la esperanza. Pues algo así ocurre con la Navidad, que puede que sea una gran mentira, una patraña comercial, pero que a muchos les sirve para ir tirando mientras sean capaces de creer que con un poco de imaginación la cruda realidad puede ser algo delicado y hermoso, como una blasfemia pasando a través de una ocarina.

JL Alvite

jueves, 22 de diciembre de 2011

Yo ya renuncié hace tiempo a definir el amor, así que me conformo con mi vieja idea de que se trata de un sentimiento inexplicable que se extingue tan pronto el enamorado entra en razón, tanto como al cabo de años de convivencia se resiente el sexo al encender la luz.

JL Alvite

jueves, 15 de diciembre de 2011

DO YOU PLAY?

DO YOU
PLAY?

SOMOS ARTÍFICES de nuestro propio look. "Ya no es suficiente parecer modernos, también queremos parecer inteligentes", escribió Jean-Jacques Picart. El concepto de 'Play-Fashion' surgió dándole vueltas al concepto de las Playlist del iPod: listas únicas que son resultado de la capacidad del usuario para combinar canciones de modo personal. Hacerlo es divertido y convierte a cada lista en un diseño único.

En este sentido, las marcas nos ayudan a contar quiénes somos: actúan como facilitadores en la construcción de relatos de identidad. Saben que hoy habitan en nuestro armario pero quizás mañana ya no, y por eso juegan a seducirnos: "Déjame que te ayude a ser quién quieres ser", nos musitan al oído en forma de campañas cada vez más sociales. La moda sin los otros... es menos moda.

(...) Amar la moda pasa por descubrir que puedes vivirla desde la libertad o el victimismo, desde la inmediatez o la lentitud, desde la innovación o la copia, desde la originalidad o el consumo de masas. Ahora más que nunca, la moda es una elección personal, expresión de nuestra identidad.

(...) Por eso, puestos a jugar, elijo quedarme con la moda inteligente, consciente, independiente y de calidad. La moda culta. La moda que sabe mezclar, reversionar y 'vintagear'. La moda que mira hacia atrás antes de seguir hacia delante. La moda que refleja quiénes somos y la historia que queremos contar. Porque como decía Frank Miller: "El estilo no se busca, demuestra lo que uno es"... Do you play?

NOVIEMBRE 2011/YOROKOBU

jueves, 24 de noviembre de 2011

Aquel tipo tenía razón

Alguien me aseguró de madrugada hace años que en el periodismo lo que cuenta es condensar la idea más compleja en la frase más sencilla (...) algo que nunca olvidé: "lo importante es que lo que tú pienses se parezca en algo a lo que el otro entienda. Un tipo puede no entender el motivo por el que lo matan, pero si eres claro y conciso, al menos entenderá la razón por la que muere". Claridad y concisión... Aquel tipo tenía razón. (...)

J. L. Alvite