El hijo detalla el perfil de su padre. Aguileño todavía, pero ya la nuez se afila, guijarro atragantado, y los ojos se hunden. ¿Cuánto tiempo aún podrá contemplar ese rostro invulnerable que siempre le inspiró seguridad? La vida les ha distanciado, llevándoles a mundos diferentes y, sin embargo, ¡cómo echará de menos la sombra protectora del viejo roble! Puñalada de angustia: si hablara se le notaría la congoja. Al viejo no le gustaría.
José Luis Sampedro, La sonrisa etrusca
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