Creces y no te das cuenta. Lo haces un poco más y el mundo tal como lo contemplaste desde aquellos ojos incrédulos de quien miraba con asombro el izar de un globo al cielo, se enjuagan hoy de tímidos y sonoros lagrimones. Es el paso de la niñez a la vida adulta. Del desconocimiento al aturdimiento de cuantas cosas hoy se suceden ante los ojos de quien, en la etapa primera, ignoró tantas cosas. Y te das de cabezados. Y te caes. Y la lágrima que te cae por la mejilla te sabe hoy a un desconsuelo tan crispante que piensas haber perdido todas las batallas. Y en ese estadio te encuentras a punto de cumplir los veintidós. Creyendo perder batallas ganadas, ganando batallas que creías perdidas.
"Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. (...) Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta." (Murakami: 2006)
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