viernes, 24 de febrero de 2012

Convertidos en un punto de vista único y puro nos encontramos en las alturas, sobre la ciudad. Lo que vemos ahora es el cuadro de una enorme metrópolis que se despierta. Trenes de cercanías pintados de diferentes colores se desplazan cada uno en una dirección distinta llevando a mucha gente de un lugar a otro. Ellos, los transportados, son individuos con un rostro y una mentalidad distintos, pero, a la vez, son parte anónima de un conjunto. Son una totalidad, pero, a la vez, sólo una pieza. Y, manejando esta dualidad de un modo hábil y acomodaticio, todos llevan a cabo sus ritmos matutinos con precisión y rapidez.

After Dark, Haruki Murakami

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