- Eso es porque tú eres una persona psicológicamente fuerte.
- ¿Quién? ¿Yo?
Kôrogi asiente.
- A mí me parece que tienes las cosas muy claras.
Mari niega con la cabeza.
- ¡Qué va! ¡Pobre de mí! Ni una cosa ni la otra. Cuando era pequeña, no tenía la menor confianza en mí misma, era muy tímida. Y en la escuela, por eso, los otros niños se metían siempre conmigo. Era un blanco fácil. ¿Sabes que aún conservo dentro de mí todas aquellas sensaciones? Incluso sueño a menudo con ello.
- Pero, con el paso del tiempo y esforzándote mucho, has conseguido mantenerlos a raya, ¿no? Esos recuerdos odiosos.
- Cada vez más –admite Mari. Y asiente-. Poco a poco. Yo soy de ese tipo de personas. De las que se esfuerzan.
- ¿Esas que van siguiendo su camino, solas, currando día a día? Como el herrero del bosque.
- Sí.
- Pues a mí me parece admirable ser capaz de hacer algo así.
- ¿De esforzarse?
- De ser capaz de esforzarse.
After Dark, Haruki Murakami
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