A la cabecera de la cama, un reloj digital actualiza, mudo y constante, el tiempo. En estos instantes es lo único que muestra algo parecido al movimiento en el interior de la estancia. Un cauteloso animal nocturno que funciona con un mecanismo eléctrico. Los dígitos, de un verde cristal líquido, se suceden esquivando las miradas ajenas. Ahora son las 11:59 de la noche.
After Dark, Haruki Murakami
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