domingo, 1 de julio de 2012

Dejé el paraguas a nuestros pies y la abracé con fuerza bajo la lluvia. Nos envolvía un rumor sordo parecido al de los neumáticos de un coche circulando por la autopista. La lluvia seguía cayendo en silencio, incansable, empapándonos el pelo, rodando por nuestras mejillas como lágrimas, tiñendo de oscuro la chaqueta tejana de Midori y mi chaqueta forrada de nailon amarillo. 
Haruki Murakami, Tokio Blues (Norwegian Wood)

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