domingo, 1 de julio de 2012

El tiempo transcurría al ritmo de mis pasos. A mi alrededor, hacía tiempo que todos había emprendido la marcha, y yo y mi tiempo seguíamos arrastrándonos con torpeza por aquel lodazal. A mi alrededor, el mundo estaba a punto de experimentar grandes transformaciones. (...) Y yo me limitaba a vivir día tras día sin a penas levantar la cabeza. Lo único que se reflejaba en mis pupilas era aquel lodazal infinito. Levantaba el pie derecho, luego el izquierdo, de nuevo el pie derecho. Ni siquiera sabía con certeza dónde me encontraba. No lograba orientarme. Sólo sabía que tenía que dirigirme a alguna parte y, por ese motivo, movía los pies. 
Haruki Murakami, Tokio Blues (Norwegian Wood)

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