En más de una ocasión me he preguntado cuando empieza lo nuevo y cuando acaba lo viejo. Yo estoy convencida que no es un día del calendario, ni un nuevo año… Tiene que ser un acontecimiento, grande o pequeño. Algo que nos cambia, que nos da esperanzas. Una nueva forma de vivir y de contemplar el mundo.
Todo llega, y todo pasa. Y uno de los mejores años, de tantos como recuerdo ahora mismo, pretende terminarse en un abrir y cerrar de ojos. Un año de tristezas y alegrías que decidieron convivir para mostrarme que en más de una ocasión hay que saber seguir adelante porque, tarde o temprano, las cosas acaban siempre cambiando.
Ojalá que en el nuevo el sol no deje nunca de brillar y que la vida no nos lleve hasta lo negro. Y si eso ocurre, es mejor caminar, que parar y ponerse a temblar.
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