miércoles, 30 de noviembre de 2011

Momo

A Beppo le gustaban estas horas antes del amanecer, cuando la ciudad todavía dormía. Le gustaba su trabajo y lo hacía bien. Sabía que era un trabajo muy necesario.



Cuando barría las calles, lo hacía despaciosamente, pero con constancia; a cada paso una inspiración y a cada inspiración una barrida. Paso - inspiración - barrida. Paso - inspiración - barrida. De vez en cuando, se paraba un momento y miraba pensativamente ante sí. Después proseguía paso - inspiración - barrida.

Mientras se iba moviendo, con la calle sucia ante sí y limpia detrás, se le ocurrían pensamientos. Pero eran pensamientos sin palabras, pensamientos tan difíciles de comunicar como un olor del que uno a duras penas se acuerda, o como un color que se ha soñado. Después del trabajo, cuando se sentaba con Momo, le explicaba sus pensamientos. Y como ella le escuchaba a su modo, tan peculiar, su lengua se soltaba y hallaba las palabras adecuadas.

-Ves, Momo -le decía el ejemplo-, las cosas son así: a veces tienes ante ti una calle larguísima. Te parece tan terriblemente larga, que nunca crees que podrás acabarla.

Miró un rato en silencio a su alrededor; entonces siguió:

- Y entonces te empiezas a dar prisa, cada vez más prisa. Cada vez que levantas la vista, ves que la calle no se hace más corta. Y te esfuerzas más todavía, empiezas a tener miedo, al final estás sin aliento. Y la calle sigue estando por delante. Así no se debe hacer.

Pensó durante un rato. Entonces siguió hablando:
- Nunca se ha de pensar en toda la calle de una vez, ¿entiendes? Sólo hay que pensar en el paso siguiente, en la inspiración siguiente, en la barrida. Nunca nada más que en el siguiente.

Volvió a callar y reflexionar, antes de añadir.
- Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea. Y así ha de ser.

Después de una nueva y larga interrupción, siguió:
- De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido la calle. Uno no se da cuenta cómo ha sido, y no se está sin aliento.

Asintió en silencio y dijo, poniendo punto final:
-Eso es importante.

ENDE, Michael, Momo

jueves, 24 de noviembre de 2011

Aquel tipo tenía razón

Alguien me aseguró de madrugada hace años que en el periodismo lo que cuenta es condensar la idea más compleja en la frase más sencilla (...) algo que nunca olvidé: "lo importante es que lo que tú pienses se parezca en algo a lo que el otro entienda. Un tipo puede no entender el motivo por el que lo matan, pero si eres claro y conciso, al menos entenderá la razón por la que muere". Claridad y concisión... Aquel tipo tenía razón. (...)

J. L. Alvite

martes, 22 de noviembre de 2011

¡ Nuevo Blog !

Ya son conocidas estas actualizaciones... "de la era del papel al ordenador y de ésta a las tablets".

miércoles, 16 de noviembre de 2011

¡ Nuevo Blog !

De nuevo actualizo este espacio con una reflexión propia realizada para el blog de la Universidad.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Error 99

El modelo de ser humano que nos presentó el racionalismo del siglo XVIII ensalzó lo racional (que se asocia con el control, con la sabiduría, con el cerebro, con la verdad, con el equilibrio) y denostó lo emocional (que se asocia con el desenfreno, el ímpetu, el corazón imprevisible, la pasión, el desequilibrio). Ese modelo ha llegado hasta nuestros días. Se supone, en cumplimiento de los principios del racionalismo, que la gente ha de responder racionalmente a los estímulos del entorno. De manera que si algo es barato, se venderá más que algo más caro. Si un servicio es mejor, contará con más aprobación por parte del público (...). El ser humano, visto así, es una máquina de razonar en la que el cerebro controla los impulsos del corazón.

Ese modelo caducó en los siglos XX y XIX, cuando los neurólogos demostraron que la emoción y el razonamiento son ambos parte de una misma cosa, alojada en el cerebro. Razonar exige sentir. Antonio Damasio (...) pone un ejemplo muy sencillo: las personas que tienen dañada su capacidad para sentir, también son incapaces de razonar. Las dos cosas no van por separado: cabeza y corazón son una vieja metáfora, pero nada más que eso. El corazón es simplemente una bomba de sangre, aunque lata más rápido cuando el cerebro se lo dice.

La comunicación contemporánea exige entender que el consumidor, el ciudadano, siente y razona al mismo tiempo. Observa una marca, con sus colores, sus olores, sus mensajes, sus imágenes, y decodifica una determinada narrativa.

(...) En definitiva, los estudios de neuromarketing muestran que, en efecto, los productos y las marcas, los mensajes, los anuncios de televisión, las canciones, los olores, los colores, activan unas determinadas emociones en nuestro cerebro que provocan nuestro gusto o disgusto por ellos. Eso explica que la gente esté dispuesta a comprar agua sagrada de un manantial aunque desde un punto de vista racional no tenga mucho sentido, o gastar mucho más dinero por un coche que se identifica con un ascenso de estatus, o a votar a un candidato que se sabe peor preparado que su contraria pero es preferido por se "de los míos" o simplemente porque "me gusta más".

Y así con casi todo. Uno no es más feliz por tomar Coca-Cola ni más rebelde por tomar Pepsi, pero ambas emociones (la alegría y la rebeldía) están ya ligadas a los dos refrescos y el público las identifica. Al final la profecía termina cumpliéndose, y nos sentimos más divertidos, más rebeldes, más progresistas, más genuinos, más auténticos, más vanguardistas, por beber Pepsi, usar Mac, calzar Vans, o vivir en el centro histórico, y más clásicos, ordenados, conservadores, puristas y dominantes por beber Coca-Cola, usar pc y Blacberry, calzar zapatos y llevar americana y corbata o vivir en los barrios más caros. No hay mucho de racional en cada uno de los elementos de la historia, pero nuestra propia narrativa se vuelve muy coherente en su desarrollo final.

ARROYO Luis y YUS Magali, Los cien errores en la comunicación de las organizaciones.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Error 89

Churchill nunca dijo "sangre, sudor y lágrimas" en aquel famoso discurso al Parlamento británico justo después de llevar a Inglaterra a la Segunda Guerra Munidal. En realidad, el primer ministro birtánico dijo: "No tengo nada que ofrecer sino sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor". Pero la gente, a lo largo de la historia, ha preferido dejarlo en tres. Si se nos permite corregir a Churchill, la tríada y el orden con que ha pasado a la historia son mucho mejores que el original. Hay algunos números casi místicos, y en comunicación el tres sin duda lo es.

Hay un principio subyacente al atractivo tres en comunicación: el oído humano está acostumbrado a los acordes de tres notas, y es fácil recordar tres, pero no tanto cuatro (con frecuencia, cuando tratamos de recordar las cuatro P del marketing nos cuesta recordar la última).

Todos buscamos salud, dinero y amor", y nos gusta que algo sea bueno, bonito y barato (porque además hay aliteración en la b). (Además "esfuerzo" sobra, porque basta con su metáfora, que es "sudor").

De nuevo, la tradición judeo-cristiana ofrece buenos ejemplos del poder de las tríadas. Más aún en el Nuevo Testamento que el Antiguo, como si fuera más moderno también en esto: "fe, esperanza y caridad", "los tres reyes magos", "el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo".

Y la política: "por Dios, por la Patria y el Rey", cantaban los carlistas españoles del siglo XX; el presidente de la República Manuel Azaña decía "Paz, piedad y perdón" en 1938, y luego en el franquismo: "España, una, grande y libre". Y Lincoln: "el Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo", en el famosísimo discurso de Gettysburg, en mitad de la guerra civil americana. Más recientemente, Aznar simplificó lo que creía que habían significado los gobiernos socialistas anteriores: "paro, despilfarro y corrupción". Zapatero le dijo a Aznar desde la oposición que la política de extranjería había traído "tres ministros, tres reformas, tres fracasos". Y luego desde el Gobierno fijó cuatro ejes en su política: "derechos ciudadanos, economía productiva, paz y seguridad", pero costó mucho que llegaran a la opinión pública: eran demasiados. "Ciudadanos, paz y seguridad" habría sido mejor.

(...) Para que sean impecables, las tríadas tienen que ser sonoras, tienen que aportar aliteraciones. La palabra "pueblo" en el discurso de Gettysburg, la "p" se convierte en el sonido dominante en "paro, despilfarro" y corrupción" y también en "paz, piedad y perdón".

Es más eficaz en un discurso, en una intervención ante los medios, e incluso en un artículo de prensa, decir que nuestra empresa tiene tres objetivos para el año que viene, que tenemos tres grandes desafíos por delante, tres exigencias, o tres mensajes que trasladar. Dos parecerán poco, y si hay cuatro, es probable que uno de ello se olvide.

ARROYO Luis y YUS Magali; Los cien errores en la comunicación de las organizaciones.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Dime que yo

Dime que no me vas a abandonar nunca. Dime que no me vas a dejar que te abandone.

martes, 1 de noviembre de 2011

Mi vida sin mí

Me encantaría que la llegaras a ver. Mi vida sin mí. Genial

¡ Nuevo Blog !

Actualizo este espacio para anunciar que otra nueva entrada mía ya está disponible en el Blog de la Universidad.

lunes, 31 de octubre de 2011

Canción de la semana

¡Un poco de ritmo!