sábado, 24 de marzo de 2012

Corazón con viento

Y seguí como siempre, dejando que mis decisiones las tomasen a medias los instintos, la cobardía y el viento.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Se trata de un placer sin alegría. (...) La que se deriva de la tristeza es una felicidad relacionada con la creatividad, es decir, una especie de felicidad aterida de dolor y pletórica de sugerencias, como le ocurriría al náufrago que al haberse caído al mar por la borda del barco descubriese el placer de la natación.


J.L. Alvite

miércoles, 14 de marzo de 2012

Aunque parezca mentira, a veces un abrazo es suficiente para darse cuenta de que entre dos personas se ha abierto un hueco de 500 millas.

J.L. Alvite

miércoles, 7 de marzo de 2012

Con el paso de los años nos damos cuenta de que nada es para siempre. Entonces sustituimos la esperanza por la resignacion y decidimos que lo mejor es recordar las cosas buenas, desandar el tiempo en la memoria y hacer planes para ayer. Solemos recordar solo las cosas que nos hicieron bien. Y eso es asi porque la memoria es casi siempre más inteligente que la esperanza.

J.L. Alvite

martes, 6 de marzo de 2012

Lo quiero ahora

Será porque tres de mis más queridos amigos se han enfrentado inesperadamente estas Navidades a enfermedades gravísimas. O porque, por suerte para mí, mi compañero es un hombre que no posee nada material pero tiene el corazón y la cabeza más sanos que he conocido y cada día aprendo de él algo valioso.O tal vez porque, a estas alturas de mi existencia, he vivido ya las suficientes horas buenas y horas malas como para empezar a colocar las cosas en su sitio. Será, quizá, porque algún bendito ángel de la sabiduría ha pasado por aquí cerca y ha dejado llegar una bocanada de su aliento hasta mí. El caso es que tengo la sensación -al menos la sensación- de que empiezo a entender un poco de qué va esto llamado vida.

Casi nada de lo que creemos que es importante me lo parece. Ni el éxito, ni el poder, ni el dinero, más allá de lo imprescindible para vivir con dignidad. Paso de las coronas de laureles y de los halagos sucios. Igual que paso del fango de la envidia, de la maledicencia y el juicio ajeno. Aparto a los quejumbrosos y malhumorados, a los egoístas y ambiciosos que aspiran a reposar en tumbas llenas de honores y cuentas bancarias, sobre las que nadie derramará una sola lágrima en la que quepa una partícula minúscula de pena verdadera. Detesto los coches de lujo que ensucian el mundo, los abrigos de pieles arrancadas de un cuerpo tibio y palpitante, las joyas fabricadas sobre las penalidades de hombres esclavos que padecen en las minas de esmeraldas y de oro a cambio de un pedazo de pan.

Rechazo el cinismo de una sociedad que sólo piensa en su propio bienestar y se desentiende del malestar de los otros, a base del cual construye su derroche. Y a los malditos indiferentes que nunca se meten en líos. Señalo con el dedo a los hipócritas que depositan una moneda en las huchas de las misiones pero no comparten la mesa con un inmigrante. A los que te aplauden cuando eres reina y te abandonan cuando te salen pústulas. A los que creen que sólo es importante tener y exhibir en lugar de sentir, pensar y ser.

Y ahora, ahora, en este momento de mi vida, no quiero casi nada. Tan sólo la ternura de mi amor y la gloriosa compañía de mis amigos. Unas cuantas carcajadas y unas palabras de cariño antes de irme a la cama. El recuerdo dulce de mis muertos. Un par de árboles al otro lado de los cristales y un pedazo de cielo al que se asomen la luz y la noche. El mejor verso del mundo y la más hermosa de las músicas. Por lo demás, podría comer patatas cocidas y dormir en el suelo mientras mi conciencia esté tranquila.

También quiero, eso sí, mantener la libertad y el espíritu crítico por los que pago con gusto todo el precio que haya que pagar. Quiero toda la serenidad para sobrellevar el dolor y toda la alegría para disfrutar de lo bueno. Un instante de belleza a diario. Echar desesperadamente de menos a los que tengan que irse porque tuve la suerte de haberlos tenido a mi lado. No estar jamás de vuelta de nada. Seguir llorando cada vez que algo lo merezca, pero no quejarme de ninguna tontería. No convertirme nunca, nunca, en una persona amargada, pase lo que pase. Y que el día en que me toque esfumarme, un puñadito de personas piensen que valió la pena que yo anduviera un rato por aquí. Sólo quiero eso. Casi nada. O todo.

Ángeles Caso

jueves, 1 de marzo de 2012

¡ Nuevo Blog !

¿Por qué no acabar el día con una reflexión?

miércoles, 29 de febrero de 2012

¡ Nuevo Blog !

Aquí va una entrada más para el blog de la universidad.

sábado, 25 de febrero de 2012

viernes, 24 de febrero de 2012

Convertidos en un punto de vista único y puro nos encontramos en las alturas, sobre la ciudad. Lo que vemos ahora es el cuadro de una enorme metrópolis que se despierta. Trenes de cercanías pintados de diferentes colores se desplazan cada uno en una dirección distinta llevando a mucha gente de un lugar a otro. Ellos, los transportados, son individuos con un rostro y una mentalidad distintos, pero, a la vez, son parte anónima de un conjunto. Son una totalidad, pero, a la vez, sólo una pieza. Y, manejando esta dualidad de un modo hábil y acomodaticio, todos llevan a cabo sus ritmos matutinos con precisión y rapidez.

After Dark, Haruki Murakami
- Eso es porque tú eres una persona psicológicamente fuerte.

- ¿Quién? ¿Yo?
Kôrogi asiente.
- A mí me parece que tienes las cosas muy claras.
Mari niega con la cabeza.
- ¡Qué va! ¡Pobre de mí! Ni una cosa ni la otra. Cuando era pequeña, no tenía la menor confianza en mí misma, era muy tímida. Y en la escuela, por eso, los otros niños se metían siempre conmigo. Era un blanco fácil. ¿Sabes que aún conservo dentro de mí todas aquellas sensaciones? Incluso sueño a menudo con ello.

- Pero, con el paso del tiempo y esforzándote mucho, has conseguido mantenerlos a raya, ¿no? Esos recuerdos odiosos.

- Cada vez más –admite Mari. Y asiente-. Poco a poco. Yo soy de ese tipo de personas. De las que se esfuerzan.

- ¿Esas que van siguiendo su camino, solas, currando día a día? Como el herrero del bosque.

- Sí.
- Pues a mí me parece admirable ser capaz de hacer algo así.

- ¿De esforzarse?
- De ser capaz de esforzarse.

After Dark, Haruki Murakami